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¿Es la espiritualidad una forma de evadir la realidad?

Esta pregunta me llegó mientras lavaba los platos (y sí, si llevas un tiempo siguiendo lo que comparto, te darás cuenta que siempre canalizo cuando estoy en agua, lavando los platos, en la ducha o en el mar).

Para mí – y esto es una opinión personal – la espiritualidad no puede ser vivida separada de lo  político, de lo social e incluso de lo económico. No puede ser vista como algo aparte o fuera de, pues todo está conectado.

Vivimos tiempos agitados, de grandes cambios, de ideologías y fanatismos, de polarización extrema, de crisis financieras y desigualdades económicas, de infancias vulneradas y olvidadas, de agotamiento mental, de vínculos líquidos y desechables y de una pérdida de comunidad. 

Y pensaba en cómo la espiritualidad se convierte en una herramienta de evasión, cuando no es comprendida desde su profundidad y solo es usada como maquillaje para tolerar la realidad.

La primera vez que escuché el término “evasión espiritual” fue el año 2017, cuando estudiaba Biosíntesis. El término fue acuñado por primera vez por el psicólogo John Welwood en 1984, y plantea el uso de prácticas y creencias espirituales para evitar enfrentarnos con nuestros sentimientos dolorosos y heridas no resueltas.

Huir de lo que resulte doloroso, como una especie de analgésico para sobrevivir a tiempos complejos. 

¿Cuántas veces la espiritualidad ha perdido profundidad y sentido y se ha vendido como un analgésico de evasión para tiempos caóticos?

 

 

Si el Principio de Correspondencia nos habla de que todo está interconectado, pues “como es arriba, es abajo, como es adentro es afuera” entonces ¿Por qué insistimos en separar los proceso sociales, políticos y culturales de lo espiritual? 

¿Podemos realmente separar el desarrollo del alma y la espiritualidad de lo que está pasando en el mundo?

A veces pienso que la espiritualidad, en la actualidad, solo se ha transformado en otro mecanismo más de evasión para evitar mirar de frente lo que nos rodea. Es como otra píldora que podemos tomar, usar y desechar, sin mayor compromiso ni responsabilidad. 

Donde más se ven señales de evasión espiritual es cuando se minimiza, superficializa o niega  rotundamente nuestro lado oscuro y lo que llamamos nuestra sombra. Negar la rabia, la ira, la frustración o el descontento es vivir atrapados en una evasión espiritual donde “todo siempre debe estar vibrando alto”.

Aquel sentir, por más complejo que sea, está ahí por algo y esa emoción – aunque sea contractiva – viene a mostrarnos algo que necesitamos ver y comprender. Lo mismo pasa con los procesos sociales y colectivos…no somos seres aislados, somos parte del todo pero la gran diferencia la hacemos cuando elegimos en qué ángulo vamos a transitar y comprender la realidad. 

¿Qué piensas tú de la espiritualidad vivida como un mecanismo de evasión de la realidad? Me encantaría leerte en comentarios